martes, 2 de diciembre de 2008

Clima para la enseñanza

Frente a lo observado tras muchas practicas en el colegio Santa Sabina, específicamente en el Séptimo año A, me he preguntado cual es el clima realmente apropiado para desarrollar un buen proceso de enseñanza aprendizaje. Esta duda surge tras darme cuenta de todas las actividades que existen para desarrollar un buen proceso de enseñanza como actividad de exploración, cambio conceptual, de síntesis, etc, muchas veces aunque estén programadas no es posible realizarlas por el clima que se da en el aula, por el comportamiento de los alumnos, entre otros. A pesar de esto e aprendido a través de la asignatura de Didáctica general que no existe un manual respecto de como hacer clases o dominar un curso para las personas que aspiramos a ser profesores pues todo depende del contexto del colegio y del curso muy en particular, sin embargo, frente al surgimiento de mi duda he querido hacerme una idea general respecto de que pasa con el clima del aula, como debe desarrollarce este, que potencia un buen clima para el proceso de enseñanza aprendizaje; frente a todo esto encontré lo siguiente:
Encontré tras revisar varios artículos que el clima de aula es un factor prácticamente invisible para el proceso de enseñanza aprendizaje, el cual incluye varios aspectos, como el aspecto físico del aula, el uso de estrategias adecuadas para el aprendizaje, la relación profesor alumno, entre las mas importantes. Al tomar este conjunto de elementos y tratar de darles algún sentido tras lo aprendido en la universidad es posible traslapar todo en un modelo de enseñanza muy conocido por aquellos que nos interesan los ramos pedagógicos, el modelo constructivista de la enseñanza, el cual integra elementos didácticos, afectivos y de relación personal que influyen en el proceso de Enseñanza Aprendizaje asumiendo como un factor importante en este proceso la relación profesor alumno y la relación entre los alumnos propiamente tal.
De esta manera aparece entonces Barriga (2002) quien plantea un cambio en en la concepción que se tiene acerca del aprendizaje y la enseñanza, volviéndose menos directivo y más participativo, buscando ir más allá de la transmisión de conocimientos, hacia la apropiación de los mismos en sus tres dimensiones; conceptual, procedimental y actitudinal. Como bien se nos ha enseñado en la asignatura de didáctica, donde lo conceptual corresponde a los contenidos, lo procedimental a la forma en como realizamos actividades para desarrollar un mejor aprendizaje y donde lo actitudinal corresponde a aquellos valores o mundo subjetivo que les podemos presentar a los alumnos al ver algún contenido. De esta manera es posible apreciar que esto tiene real sentido desde la perspectiva constructivista, en la cual el énfasis se centra en el alumno y el profesor es tan solo aquel que logra construir un ambiente adecuado para que los alumnos aprendan. Lo anteriormente planteado se puede lograr solo en un ambiente de aula tranquilo, que inspire confianza, en donde los alumnos sean participes activos y no solo receptores de la información. De esta manera logro entender que para lograr un buen proceso de enseñanza aprendizaje según lo que indica el modelo constructivista debo lograr una básica relación entre alumno maestro considerando también el dialogo entre los alumnos de manera que a través del dialogo se generen los procesos de enseñanza aprendizaje y el profesor sea solo un facilitador de este proceso. De esta forma cuando el profesor logra esto y se para frente al curso es posible que los alumnos e incluso un observador parcial note que la forma en que se explican los contenidos están centrados en los intereses de los alumnos incentivando así la participación de estos creándose entonces un clima de aula positivo.
Ahora bien, lograr un ambiente de aula positivo es vital pues como resultado se obtiene una adecuada interacción entre profesor y alumnos lo cual finalmente influye en el aprendizaje pues un aula en donde exista confianza los alumnos aumentan el número de interacciones con el profesor y entre ellos, mejorando así los procesos de asimilación y acomodación de los conocimientos nuevos. Esta mejora genera mayor interés por conocer e investigar, retroalimentando positivamente el aprendizaje. Tal como afirma Carl Rogers (1975) dentro de un clima de comprensión en el aula donde el maestro es más empático, todos los estudiantes tienden a establecer relaciones positivas con sus compañeros y desarrollan una actitud más positiva hacia sí mismos y hacia la escuela. Al mismo tiempo, si se propician relaciones positivas en el aula, estamos enseñando además de conocimientos, elementos para la vida diaria, el desempeño laboral y familiar, debido a que el aprendizaje en las relaciones interpersonales, se llevará para toda la vida, aportando un mayor crecimiento personal.